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Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.


La principal ocupación de mi vida consiste en pasarla lo mejor posible.




martes, 1 de julio de 2008

Humor

Un hombre está en su lecho de muerte, y quiere llevarse todo su dinero con él al otro mundo, así que llama al sacerdote, al médico y al abogado y les dice:—Aquí les entrego 30,000 dólares a cada uno para que me los guarden. Confío en que los pondrán en mi féretro cuando muera, y así podré llevarme todo mi dinero conmigo. En el funeral, cada uno de los hombres coloca su sobre en el féretro. Una vez de salida, en la limusina, el sacerdote rompe en llanto y confiesa que solo había puesto 20,000 dólares en el sobre porque necesitaba 10,000 dólares para construir un baptisterio.—Ya que nos estamos sincerando —dice el médico— yo sólo puse 10,000 dólares en el sobre, pues en el hospital necesitamos un aparato que cuesta 20,000 dólares.El abogado se queda horrorizado. —¡Me siento sumamente avergonzado de ustedes! —exclama—. Quiero que conste en las actas que cuando coloqué mi sobre en el féretro, ¡adentro iba un cheque personal mío por la cantidad completa de 30,000 dólares!
Un profesor que es muy estricto e inamovible, catedrático a la antigua, le advierte a su clase que si el examen no está sobre su mesa después de transcurridas dos horas, no se los aceptará. Una hora después de empezar el examen, un estudiante entra por la puerta y le pide el examen al profesor:—No va a tener tiempo para terminarlo —dice el catedrático.—Sí que lo terminaré —contesta el muchacho y se pone a escribir.Transcurridas las dos horas, el profesor pide los exámenes, y todos los estudiantes entregan sus hojas. Todos, excepto el que había llegado tarde, quien continúa escribiendo con toda la calma del mundo. Después de media hora, se acerca a la mesa donde se encuentra el profesor leyendo un libro. En el instante en que intenta poner su examen encima del montón, el maestro exclama:—Ni lo intente. No puedo aceptárselo. No entregó a tiempo.El estudiante lo mira furioso e incrédulo.—¿Sabe quién soy? —replica.—No, no tengo ni la menor idea —responde el catedrático con tranquilidad.—¿Cómo? ¿No sabe quién soy? —pregunta de nuevo el estudiante, apuntándose el pecho con el dedo y acercándose de forma intimidatoria.—No, y no me importa en absoluto —contesta el profesor con aire de superioridad.—¡Perfecto! —responde el joven, al tiempo que toma el montón de exámenes y mete el suyo entre las hojas con rapidez.

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